Me abrazaba y la verdad era que no se quería detener. No se quería despegar de ese abrazo que lo hacía sentir tan bien, pero llegó un momento en el que me separé de a poco y lo miré a los ojos. Me encontré con sus lágrimas, su puchero, y sus ojos mirándome, esperando que dijera algo.
Lali: vamos a mi casa, Pí –dije sin más, y lo abracé por el costado mientras seguía sintiendo sus lágrimas. Teníamos un viaje largo, una caminata extensa, pero igual íbamos a hacerla. Ninguno emitió ningún sonido. Solo se oían las lágrimas de Peter, y su respiración honda. ¿Por qué había querido ir a mi casa, en vez de a la suya? Primero en principal, porque no quería que la mamá de Peter se preocupase y lo viera en ese estado. Segundo, no quería ver a Eugenia y quería pasar tiempo con él. Tercero, sé los horarios de mi hermano y mi papá, y estan en la facultad, y trabajando. Si había alguien, era mi mamá, o mi hermana. Y no iba a haber problema. Cuando llegamos y abrí la puerta, retrocedió un poco y negó- no pasa nada Pí, no hay nadie –le dije y se tranquilizó. Tomó mi mano de nuevo y entró a mi casa. Inspeccioné a ver si había alguien, y no era así. Le dije a Peter que se sentara en la cocina, y le preparé un sándwich para comer. A demás le mandé un mensaje a mi mamá, para saber donde estaba. “Mami, donde andas?”. Y mientras me preparaba un sándwich a mí, me llegó la respuesta “En el médico con Ana Laura” (sí, se acuerdan que mi mamá era muy molesta con el tema de los chequeos médicos?). Dejé el celular a un costado y me senté con Peter a comer. Lo observaba mientras comía. No había dicho nada. Comía, y pensaba, miraba a cualquier lugar menos a mis ojos. Cuando terminó su sándwich se apoyó en la mesa y tapó su cara con ambas manos. Respiraba profundo, e intentaba relajar su cuerpo y su mente- Pitt –me animé a decir, y me miró- vení conmigo –le tomé la mano y me paré. Él, se paró también y lo guié a las escaleras. Subimos, y entramos a mi cuarto- te gusta? –le dije cuando se sentó en mi cama- digo, nunca habías entrado a mi cuarto... –no me miró y no me respondió tampoco. Lo miré algo triste, y me arrodillé a su lado- qué hago Peter? –y ahí si me miró- que hago? No sé que hacer, no se que decirte. Dame una pista, algo. Por favor, quiero ayudarte y no sé como –dije al borde de las lágrimas. Dolía no saber que hacer, dolía no poder ayudarlo. Respiró y con los ojos cerrados me habló.
Peter: sucio –abrió los ojos- me siento muy sucio. ¿Podría darme una ducha rápida? –asentí rápidamente y le traje una toalla- Dónde queda el baño? –lo tomé de la mano y se lo señalé.
Lali: entrá, tardá lo que quieras, no hay ningún problema. Tenes ahí el jabón, el shampoo y la crema de enjuague –asintió, y entró al baño. Yo fui a la cocina, y apenas llegué me desplomé en una de las sillas. Estaba triste, muy triste. No sabía que hacer, no sabía como manejar la situación. Me largué a llorar, intentando mantener el ruido de mi respiración bajo, por si Peter salía del baño. Tapaba mi boca y respiraba. Tomaba mi cabeza. Pensaba, pensaba cualquier solución posible. Nunca me enfrenté a una situación así, me dolía verlo de esa forma. Peter se sentía mal, había resurgido los años de abuso que le habían dado sus otros compañeros. Sintió como golpeaban su cara de nuevo, sintió como lo maltrataban de nuevo. Me era difícil reconocer todo eso, ya que por primera vez no había sido por su forma de ser, o su forma de actuar. Esta vez había sido por mí, por mí culpa, porque me amaba tanto que decidió enfrentarse al hecho de las consecuencias que traía amarme. Me molestaba tanto que por mí culpa él volvió a vivir todas esas cosas, que creyó que había dejado en el pasado. Me latía fuerte el corazón, la respiración era muy agitada. Calmé mis ojos y me dejé caer en el sillón del living de nuevo, para estar más cómoda.
Peter: Lali! –escuché un grito fuerte y doloroso. Rápidamente mis ojos se abrieron de par en par, y sin darme cuenta me paré del sillón, y corriendo me dirigí al baño. Todo tipo de cosas se pasaron por mi mente. “Se golpeó”, “Se quiere ir”, “Está teniendo una insuficiencia cardíaca” (sí, en esos momentos uno puede llegar a pensar cualquier cosa, incluso lo peor). Abrí la puerta y se escuchó como choco contra la pared del otro lado. Escuché un llanto lastimoso, y la silueta de un hombre en la bañera. Abrí la cortina de baño con fuerza y lo ví debajo del agua, llorando, con la mirada triste. Gritaba desgarradamente, y volvía a llorar. Lo sentía tan mal, tan dolido, que mi corazón se estrujaba. Mis lágrimas volvieron a salir, cuando me miró bien a los ojos, y noté su mirada tan triste, que me transformó a mí- ayudame Lali, por favor –me dijo totalmente quebrado, y ahí sí me dí cuenta, que con lo único que lo ayudaba, era con amor.
Si quieren dejar un comentario, ↓
Si quieren seguir al Blog, →
Si quieren contactarme: @Heylalitta (Twitter) / Cammie.-@hotmail.com (sólo por e-mail, no me conecto al menssenger).
Saludos! Cami Pérez, ex ftlg heylalitta.